LUIS ZUBELDÍA. EX JUGADOR Y ACTUAL DT DE LANÚS
"Pasé de ser una promesa a que no me conociera nadie"

¿Cuándo fue que empezó todo?
En el 2001, antes del mundial Sub-20. Yo jugaba en Lanús. Resulta que durante un partido me empezó a doler la rodilla. Me hice los chequeos médicos pero como a los 18 años había tenido una operación de meniscos, los médicos pensaron que se trataba de lo mismo. Pero en realidad era una osteocondritis, que es una lesión en el cartílago. Tres meses después de que comenzó el dolor, los doctores detectaron el problema, e instantáneamente optaron por la operación. Luego de la intervención estuve dos meses con muletas tratándome de recuperar, pero pasaron seis o siete meses y no pude hacerlo, así que me operé nuevamente. Después de eso, estuve otros ocho o nueve meses más, pero tampoco me curé del todo. Sucesivamente seguí así hasta que complete los tres años de rehabilitación intentando recuperarme, y al ver que no avanzaba tome la decisión de retirarme.

¿Qué sensación tenías al ver que no podías jugar?
Era algo muy feo lo que sentía. Lo más triste fueron esos tres años de no lograr recuperarme. Pasaba el tiempo y a pesar de hacer todo lo posible, la lesión seguía perjudicándome. Otro golpe duro fue el hecho de ver cómo mis compañeros crecían deportivamente mientras yo seguía estancado en la lesión. Esa situación hizo que más de una vez se me caigan las lágrimas. Pero a su vez ese sufrimiento constante hizo que el momento del retiro no fuese tan duro, porque durante esos tres años fui haciendo un duelo y el adiós llegó por decantación.

¿Cuan importante fue el apoyo de tu familia?
Y… el entorno fue fundamental. No solo la familia y los amigos, también me ayudó mucho el psicólogo Marcelo Roffé, a quien conocía de la Selección. Juntos me apoyaron para que salga adelante, pero siempre con la verdad y nunca ocultando la realidad de los hechos, por más cruda que fuese.

Para ese entonces te quería el Inter de Italia… Me imagino tu frustración…
Si, fue muy duro. Cuando decidieron que lo mejor era operarme yo sabía que estaba en la lista para integrar el plantel que iba a disputar el Mundial Sub-20. Pero una mañana fui a comprar el diario Clarín y me entero que el Inter estaba interesado en mis servicios. Era una mezcla de bronca y frustración. Esa fue otra de las cuestiones que hizo que me pusiera tan mal. Yo me aferré con mucha fuerza a eso para recuperarme, pero lamentablemente nunca pude volver a ser el de antes.

Los periodistas te consideraban una de las promesas del Granate…
Esa es una de las cosas que más me afectó. Pasar de ser una promesa a que no te conozca nadie es un golpe anímico importante. Es lo que comúnmente sufren los futbolistas cuando se retiran. Pero por suerte a mí me pasó en una etapa de mi vida donde pude revertirlo: me decidí a estudiar. Después de la lesión arranqué periodismo deportivo, que fue como un cable a tierra. Volví a codearme con gente normal y a llegar con la plata justa a fin de mes, cosa que antes no me pasaba. Digamos que volví a ser lo que era antes de ser futbolista, y eso me ayudó mucho a recomponerme.

¿Qué se te pasó por la cabeza cuando llegó la posibilidad de dirigir?
Lo que pasa es que se fue dando progresivamente. Apenas me retiré, en junio de 2004, estuve seis meses de ayudante de campo de Acuña, que era el entrenador de la Quinta y la Sexta. El PF de esas divisiones era Pablo Sánchez, que actualmente trabaja conmigo en la Primera. Para ese entonces, Ramón Cabrero era el técnico de la Cuarta, aunque yo prácticamente no lo conocía. Después de estar esos seis meses de AC de Acuña me ofrecieron dirigir la Séptima División. Y un año después Cabrero me dijo si quería formar parte de su cuerpo técnico para la Primera, por lo que empecé a trabajar con él. Fueron dos años y medio junto a Ramón, hasta que llegó mi chance. Y lo que sigue ya lo conocen.

Si ahora te dieran a elegir, ¿futbolista o entrenador?
La verdad es que a mí no me gusta quemar etapas, y si bien no me pone contento recordar la lesión que me retiró prematuramente fútbol, puedo decirte que me gusta más ser técnico que jugador. A pesar de que los entrenadores somos los fusibles de los clubes, te aseguro que disfruto mucho más dirigiendo que jugando.

30/09/2009

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