El Credo de Gabriela
La periodista y legisladora porteña Gabriela Cerruti visitó ETER para dialogar con estudiantes de Periodismo. Una alumna traza un perfil de las convicciones y las experiencias de la autora de El Pibe.

Por Micaela Cicioli *

Política y, de vez en cuando, periodista. Así se define Gabriela Cerruti, quien entiende el periodismo como un compromiso público que va por la senda de Mariano Moreno y Rodolfo Walsh. Cree en el trabajo en equipo que instauró Página 12 cuando ella empezó, allá por 1987, cuando firmaban las notas entre 2 o 3 personas. Cree en esa forma porque lo considera más fructífero y porque expone más puntos de vista. Trabajó con periodistas como Galeano, Verbitsky y Aliverti, de quien asume haber estado enamorada como tantas otras jóvenes periodistas. En su juventud, los dos extremos ideológicos eran Bernardo Neustadt, por un lado, y Rodolfo Walsh, por el otro. Hoy, lamenta asumir que en los '90 el ícono periodístico se trasladó a Mario Pergolini.

Inexperta, recién se iniciaba en el periodismo cuando a los efervescentes 21 años se quedó sin la cobertura sobre el levantamiento carapintada del '85 luego de llamarlo a Aldo Rico "golpista". Trece años después, llevaba un vestido hippie de bambula cuando entrevistó a Alfredo Astiz, quien además de ser uno de los responsables de miles de argentinos que ya no están, también desapareció a Luis Guagnini, el abuelo de sus hijos. Con más camino recorrido, aprendió que el lugar de la confrontación no es cuando se está con la fuente y que tener confianza en sacarle todo al entrevistado es una misión en donde la seducción cumple el papel principal. Su terapeuta dice que no le tiene miedo al poder porque cree que es algo que se irradia y no es propio a uno mismo. Esto lo hablaron específicamente ante el momento de encontrarse con el genocida.

En la entrevista a Astiz se jugó -dice- "una cuestión de género, porque para los milicos las minas son todas levantables y tienen esa cosa de macho de mostrarle lo que había hecho". Sintió "decepción" cuando tuvo delante de sí a un tipo petiso, gordito, blanco, que le faltaban 2 dientes y "que fue dueño de la vida y muerte de tantos argentinos". Corroborar que la dictadura militar "la hicieron hombres comunes".

Al término de la entrevista le preguntó por su ex suegro y el militar no recordó el nombre. Cuando salió, lo primero que hizo fue llamar a su marido y luego fue directo a escribir a la redacción de Tres Puntos porque no se animó a encender el grabador durante la charla.

Gabriela nació en Bahía Blanca en 1965. Estudió periodismo en la Facultad de Comunicación de la Universidad Nacional de la Plata y realizó una maestría en el Centre for Communication and Information Studies de la University of Westminster en Londres, donde se tituló en Master of Arts con la tesis "The War Against de Public Sphere" ("La guerra contra la esfera pública"). Entre otros medios trabajó en la agencia Noticias Argentinas, en el semanario Somos, El Periodista y Página/12, diario del cual llegó a ser editora hasta 1993. También fue enviada especial en varias partes del mundo.

En septiembre de 1991 publicó su primer libro, El octavo círculo, crónica de la Argentina menemista, con Sergio Ciancaglini. En junio de 1993 publicó El Jefe, vida y obra de Carlos Saúl Menem. Recuerda que el mismo día que salió en Página 12 el avance de la publicación del libro tuvo que subirse "al Tango" porque debía cubrir un evento de Menem en Anillaco. Consideró este libro como un "deber militante de contarlo". Aunque fue best-seller, no sirvió mucho ante las elecciones posteriores en las que Menem arrasó.

Cree profundamente en el feminismo como un movimiento emancipador en muchos más sentidos, así como también cree que "a las mujeres siempre se les hace todo más difícil". Explica que ella sale a trabajar porque hay otras mujeres que cuidan a sus dos hijos.

Considera al caso Noble como "el gran paradigma de complicidad de la sociedad civil" con la dictadura. Que no hubo un grupo de locos que llevó adelante un genocidio sino una sociedad miró para otro lado. Que esa es la gran deuda social.

Es una apasionada el tema de la memoria. Y en consecuencia, con sus pasiones, en marzo del 2006 fue designada Ministra de Derechos Humanos y Sociales de la Ciudad de Buenos Aires. Llevó adelante una intensa gestión en el tema. Actualmente se encuentra al frente del Bloque Nuevo Encuentro de la Legislatura porteña e integra las Comisiones de Obras y Servicios Públicos; Presupuesto, Hacienda, Administración Financiera y Política Tributaria; Asuntos Constitucionales y la Comisión Especial de Políticas Públicas para la Ciudadanía Plena.

Su último libro, publicado en marzo de este año, fue El Pibe, una investigación sobre los negocios y vida política de Mauricio Macri, con su perspectiva como legisladora y periodista. En su amplia trayectoria aprendió que nada es enteramente bueno o malo. Que hay veces que existe el azar, las pulsiones normales humanas y que es importante desde el periodismo esa mirada filosófica y psicológica.

Tanto su personalidad, segura y repleta de experiencias, como su "debe ser" del periodismo aplicado al compromiso público dejan entrever que la política y el periodismo son indisociables, aunque ella solo sea periodista de vez en cuando.

* Estudiante de tercer año de la Carrera de Periodismo.

26/06/2010

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