Una forma fácil de caracterizar a Mari Sano es que hay un japonés para cada cosa. Pero, indudablemente, la afirmación se quedaría corta. Y mucho.

Mari Sano no es apenas una oriental seducida por la sonoridad del charango, es una artista que encontró en ese instrumento andino una voz propia. A tal punto que para su último disco, Amistad musical, contó con invitados del nivel del bajista Willy González, el armoniquista Franco Luciani, la cantante Florencia Ruiz y algunos de quizás menos renombre pero igual prestigio, como el guitarrista Diego Rolón, el bajsta Luis Volcoff, el percusionista Facundo Guevara y el baterista Horacio López.

Desde su primer contacto con el charango, durante su infancia, piensa que el movimiento de la mano cuando toca ese instrumento se parece al aleteo del colibrí. Esa idea fue la inspiración para su espectáculo de danza-charango "La danza del colibrí", que en junio presenta en Buenos Aires y el mes siguiente la llevará a Quito, Ecuador.

Mari Sano nació en 1968 en Seto, la ciudad por la que ingresó a Japón desde China el arte de la porcelana. Hoy es un importante centro de esa industria, cuenta con muchos museos y en cada familia hay alguien vinculado a ella. "Mi madre se dedica a eso. Es una ciudad muy cultural y tranquila", contó la charanguista a Cosas tuyas, el programa de Adrián Gargiulo por Radioeter.

Los negocios de su padre la llevaron a viajar por el mundo. A los 4 llegó a México, en donde estuvo hasta los 8 años, y, tras una vuelta a Japón por un año, conoció la Argentina a los 10 años, en donde permaneció desde 1978 hasta 1983.


En México, la primer parada con otra cultura, tu papá era amigo del Trío Los Panchos…

Sí, era muy amigo de ellos. Lo que pasa es que mi padre es un personaje muy dedicado a la cultura hispanoamericana. Le gustaba. También fue estudiante de intercambio entre México y Japón. Desde ahí comenzó su carrera con Hispanoamérica. Muchísimos personajes hubo alrededor de mi padre, entre ellos, el traductor del Che Guevara cuando fue a Japón. Un ambiente bastante interesante, la verdad. Y gracias a él aprendí mucha cultura, historia. Mi primera música era Mariachi. A mi padre le gustaba mucho. El Trío Los Panchos venía a mi casa cada vez que hacían un concierto en Japón. En Argentina, también venían. Sin tener mucho estudio, naturalmente podía tener un contacto muy profundo. Eso me marcó mucho, me gustó mucho la música mariachi. Y en Argentina fue el folklore, por supuesto. Tuve suerte de conocerlo gracias a mi padre.

Digamos que en cada lugar que estuviste te gustó lo autóctono…

Sí. Capaz que eso también fue gracias a mi padre. Él quería que profundice en cada país, primero en su cultura. En México me gustó el mariachi, pero también profundicé en danza. Como era tan chiquita, tenía 4 años, me interesaba más el movimiento, y en México hay muchísimas danzas autóctonas, sobre todo lo que tiene que ver con animales: la danza del venado me marcó muchísimo y siempre quería volver a México para ver eso de nuevo. En realidad, mi espectáculo tiene que ver con ese comienzo: quiero hacer la danza de colibrí.

¿Cómo llegó el charango a tus manos? Tocaste guitarra, bajo, varios instrumentos, pero el charango es tu instrumento, ¿no?

La verdad que me cuesta decirme charanguista. Yo me siento más una amiga natural del charango. Aparte, nunca puedo llegar a la gente autóctona, al pueblo andino, al auténtico charanguista. Pero por suerte aprendí con una profesora boliviana cuando era pequeña. Yo estuve en colegio japonés cuando tenía 10 años y ahí llegó una profesora de charango, una profesora de música de Bolivia para investigar el quechua y el idioma japonés, porque fonéticamente son parecidos. Ella estaba con el profesor de música del colegio japonés y a él le interesaba mucho el charango, porque nunca lo había visto. Nos la presentó a nosotros y quedamos sorprendidos por su música, y se puso de moda aprender charango con ella. Y 150 niños aprendimos con ella charango en esa época. Es una cosa muy particular. Armamos una orquesta de charango. Ella era excelente profesora de música, pero no solamente de charango, sino de guitarra. También enseñó a nuestros padres a cantar en un coro de folklore. Es boliviana, pero profundizaba mucho en la cultura argentina. Los padres cantaban zamba y los niños tocábamos charango. Me parece que llamó mucho la atención porque en esa época, en Buenos Aires, muy poca gente tocaba el charango. Jaime Torres sí, pero nadie mas. Hubo muchas entrevistas en Canal 13, fuimos a algunas radios, tocamos, armamos un conjunto, se hizo una gira en provincia. Una movida muy intensa. Tocamos mucho. Ahí tuvimos la presencia de Jaime Torres y a él también lo sorprendió mucho.

¿Lo conociste a Jaime?

Sí, en esa época. Él y sus hijos estuvieron con nosotros, ensayamos juntos, hicimos presentaciones juntos, desde ahí empezamos. Fue una época muy intensa. Aprendí mucho porque venía a ver qué estaba pasando. Fue muy bueno sentir esa energía del maestro, y eso también era para mí el tema del colibrí: su mano era un colibrí.

Vos también transmitís mucha energía, porque no tocás con el charango sino con todo tu cuerpo. ¿Cómo se te ocurrió danzar y tocar?

Después de toda la experiencia en Latinoamérica yo descubrí el arte marcial…

Te iba a preguntar qué era el Kendo…

Mi carrera universitaria fue la de educación física. Mi interés era ser una verdadera japonesa. Me sentía muy rara. En muchas notas me dicen que soy "más rara que un animé"… Quería ser una verdadera japonesa y me dediqué al arte marcial, y este arte tiene un contacto muy fuerte con la esgrima. Hay que pisar bien para transmitir y para desarrollar. Sentí que era lo mismo para el charango.

¿Te acordás que fue lo primero que tocaste con el charango?

"El cóndor pasa". Toqué muchos temas de Bolivia, pero "El cóndor pasa" es un tema increíble. Tiene mucho sentimiento y energía y deseos de los incas, tiene una letra profunda también. Mi profesora me enseñó a cantar "El cóndor pasa", más que a tocarlo.


"IR A COSQUÍN ES UN SUEÑO ENORME"

A mediados de los '90, Mari Sano volvió a América porque quería viajar a Bolivia. Llegó a la Argentina y cinco días después se subió a un tren y a un micro para llegar, dos semanas después, a La Paz. "Excelente viaje, y aprendizaje también. Fue agotador", recuerda.

Tras regresar a la Argentina, volvió a Japón. "En el '98 todavía estaba chusmeando a ver qué pasaba. Pero volví enseguida, en seis meses, a la Argentina porque aquí tenía que investigar más cosas. Yo no sabía qué estaba pasando en Argentina, solamente quería conocer más. A fines de ese año conocí a Fabian Tejada y a Marcelo Geremia, muchos músicos argentinos, que estuvieron en mi segundo disco", repasa. (Ver aparte.)


¿Cómo fue tocar en Cosquín?

No toqué folklore. Esa fue la sorpresa para el público y para mí era una aventura. Cuando vine a la Argentina fue mucho el aprendizaje y mucha gente me recomendó ir a Cosquín. El primer año hice gira en peñas…

¿En las peñas de Cosquín?

Sí, en el año 2002. Había una movida de peñas increíble. Me dejaron tocar amablemente en muchas peñas. Primero fue "vino una japonesa". Era sorpresa total. Hay mucho trámite para tocar en las peñas, mucha competencia. Tenía que hacer una cola enorme y cuando abren la puerta la gente corre. Yo, con mi charango, que se me cayó, y la gente que pisaba… No lo podía creer. A veces en las peñas tenía que esperar 10 horas para tocar. Una experiencia interesante. Ahí fui conociendo a todos los músicos de las provincias. Mientras esperábamos, charlábamos. Conocí muchísimos músicos en el 2002. Ahora son estrellas, pero estuvimos esperando. Ahí por suerte tuve lindo contacto y muchas peñas, muy amables… de Cuti Carabajal, muchos Carabajal, muy amables, que después me recomendaron participar en el Pre Cosquín. Y yo, tan aventurera, con micrófono en peña dije "el próximo año voy a estar en el Pre Cosquín, escenario mayor" (risas). Prometía… Estaba loca.

Pero ¿fuiste?

Sí o sí tenía que estar. Al siguiente año, participé en una subsede de Cosquín. Fui a tocar mis temas, por ejemplo "Danza del Colibrí". Toqué algunos temas folklóricos, pero el 80 o 90 por ciento fueron mis temas, y cantando en japonés.

Como dice el dicho: "pinta tu aldea y pintarás el mundo"…

Depende el jurado, te ponen cero (risas). Tuve que ir a muchas subsedes. Por suerte, una tuvo la cabeza abierta y sali como ganadora de La Matanza. Viajamos en micro con toda la gente de La Matanza hasta Cosquín y estuvimos en el escenario mayor con todos. Ganar o perder, no importaba. Pero esa experiencia era folklore total. Me sentí como en el fútbol: con todas las banderas animamos a todos. Ahí conocí muchos sentimientos de folklore. Ir a Cosquín es un sueño enorme. Yo el año anterior había pagado tranquila el viaje, pero para ellos es un sacrificio viajar a Córdoba, un esfuerzo muy enorme. Cuando perdió la subsede, muchos familiares estaban llorando. Por eso yo sentí una responsabilidad, porque hacer música, hacer folklore significa para ellos un montón de cosas.

¿Te invitaron otros músicos a tocar con ellos en sus discos?

A tocar es mucho, pero para el disco de Franco Luciani Acuarelas de bolsillo, hicimos el último tema. Es un tema de Peter Gabriel, "Don't give up", en ritmo de baguala, con charango. Fue una experiencia hermosa. Franco también está en mi disco. También me invitó Florencia Ruiz a tocar en Mayor.

Tu charango está lleno de fotitos.

Esta es la valija. Estas son "cosas tuyas", realmente. Para mí, en el charango, es fundamental el colibrí. Desde chica tengo esta sensación: vuela libremente por el mundo con mucha amistad y paz.

Desgrabación: Carlos Barrera

Cosas tuyas se emite por Radioeter los viernes de 23 a 24
(ver repeticiones en Programación).

Podés bajarte el programa con Mari Sano del Archivo.


Amistad musical (2008) es el tercer disco de Mari Sano. En el primero, Ichiban Ushirokara (Desde el principio), editado en Japón a comienzos de los '90, es un disco de canciones en las que elige como principal instrumento a la guitarra.

En 1998 regresó a la Argentina y un año después publicó Parque latino, el primero en el que toca el charango, también editado en Japón. La acompañaron Fabián Tejada en percusión, Marcelo Geremia en flauta y Luis Castillo en bajo, además de participar el percusionista nipón Ryo Watanabe.

Frente a los cuatro y cinco temas que, respectivamente, tiene sus dos primeros discos, Amistad musical cuenta con doce. "Doce temas que son doce discos", sostiene.


¿Cada tema es un concepto?

Cada tema está cerrado entre los músicos. Tuvimos que trabajar muchísimo en la mezcla, en el orden y todo. Fue muy complicado.

¿Quedaste contenta?

Estoy muy agradecida con los artistas que participaron. Todavía no lo puedo creer. Ojalá que salga, todavía estamos luchando con la edición. Es la historia de treinta años, porque comencé en el '78. Este año cumplo 30 años de historia con la Argentina y esa historia está en el disco Amistad musical.

¿Qué tema te gustó más?

Todos los temas son muy importantes para mí, porque todos los amigos son muy importantes y por el sentimiento que tiene cada tema. Por ejemplo en "Memoria", que tiene que ver Hiroshima…

Se pueden escuchar algunos de
sus temas en www.marisano.com.ar y en sus sitios de MySpace: 1 y 2.